El Desarrollo Sostenible es un ambicioso plan auspiciado por las Naciones Unidas para que la población de países como Perú alcancen un bienestar básico.
Son 17 los objetivos de Desarrollo Sostenible, que se encuentran agrupados en tres grandes áreas: 1) desarrollo económico, 2) desarrollo social y 3) protección del ambiente; que cada país debe cumplir hasta el año 2030.
Según el Banco Mundial, si logramos cumplir las metas en dos décadas podríamos ser un país de altos ingresos.
Pero, actualmente, ¿cómo estamos en Desarrollo Sostenible?, ¿estamos haciendo lo necesario para alcanzar los objetivos en 2030?
En desarrollo social, las iniciativas para reducir la pobreza han mostrado un ligero avance luego del retroceso provocado por la pandemia (de 29% en 2023 a 25,7% en 2025), que también afectó los esfuerzos por disminuir la desigualdad y reforzar la sostenibilidad, y en educación se avanza por dotarla de mejor calidad, pero con tropiezos.
En desarrollo económico, se mantiene una senda sostenida de crecimiento impulsada por la inversión privada, el consumo de los hogares y sus fundamentos macroeconómicos. En 2025, la economía creció 3.4%, sin embargo, la proyección de crecimiento para este año es entre 2,7% y 3,2%. Son porcentajes que limitan la reducción de la pobreza y la mejora de servicios públicos.
En protección ambiental, es el área en la que menos hemos avanzado. La deforestación, la contaminación del agua y la degradación del suelo atentan contra la sostenibilidad a largo plazo y nos hace vulnerables al cambio climático.
En resumen, nos encaminamos hacia los objetivos del desarrollo sostenible de manera tímida, por eso, si bien ha mejorado nuestra posición hasta alcanzar los 72,7 puntos con respecto a la década pasada, aún ocupamos el puesto 65 a nivel mundial de un total de 167, según el último informe de la ONU.
Para alcanzar un desarrollo sostenible se necesitan reformas audaces, según el Banco Mundial. Y algunas son verdaderamente audaces como introducir cambios en las regulaciones laborales. El alto costo de despido de trabajadores, más de un régimen de contrato laboral y alta informalidad; son problemas de larga data y difíciles de solucionar hasta ahora.
Otra reforma, aún mucho más audaz, que necesita atención urgente es la inestabilidad política, porque es el eje central de cualquier intento de reforma.
Es un problema que se agudizó desde 2016, y que se refleja en los cambios constantes de presidentes y la alta rotación de ministros, que sumado a la fragilidad de los partidos políticos y los conflictos continuos entre el Ejecutivo y el Legislativo, provoca desconfianza institucional.
Por eso no es raro que la mitad de las empresas formales considera que la inestabilidad política es la mayor limitación del entorno empresarial.
A las reformas anteriores, habría sumarle el fortalecimiento de sectores claves como la agroindustria, el turismo. Por ejemplo, los entendidos sostienen que la agroindustria debe integrar a los pequeños productores en la cadenas de valor, contar con tecnología de punta y certificados de calidad para la exportación; mientras que en turismo hay dos temas esenciales a tener en cuenta: seguridad y buena infraestructura.
Si se aprovecha las ventajas comparativas que tiene nuestro país y se mejora la gestión pública para reducir el 40% de proyectos estatales inconclusos, podríamos aspirar a un desarrollo sostenible en 2050, aunque quizás no podamos cumplir con los objetivos propuestos para el 2030.